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Sólo entre 1975 y 1979, el régimen de Pol Pot acabó con la vida de casi dos millones de personas. Tras ese genocidio, la violencia continuó hasta finales del siglo pasado. 19.000 fosas comunes, seis millones de minas antipersona, cientos de miles de seres humanos traumatizados, son parte de la herencia de aquel periodo.
La mayor parte de los supervivientes se encuentran atrapados hoy en un círculo de pobreza.
La relativa calma que se respira en Camboya ha hecho que muchos pederastas viajen allí, donde encuentran con relativa facilidad niños que viven y trabajan en la calle. La exposición muestra el contexto en que se producen los abusos a menores, se acerca a las víctimas, a los pederastas, a los juicios y a los hogares de acogida donde se trabaja para que estas víctimas se recuperen.
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